miércoles, 16 de enero de 2013

Maridaje Habanos y Vinos de Rioja


MARIDAJE HABANOS Y VINOS DE RIOJA

Habanos, S.A. ha seleccionado a los vinos de la D. O. Calificada Rioja para llevar a cabo la Alianza que tendrá lugar en el marco de la próxima celebración del XV Festival del Habano en Cuba. Esta Alianza entre dos denominaciones de origen reconocidas internacionalmente se sellará mediante una original cata de armonía entre Habanos-vinos de Rioja, en la que participarán unas cuarenta bodegas.

La primera fase de esta cata-concurso se celebrará en Madrid el jueves 17 de enero en el restaurante "IO Iñaki Oyarbide", donde un jurado integrado principalmente por expertos en gastronomía y sumilleres, todos ellos fumadores de Habanos, seleccionará mediante cata ciega los cinco vinos de Rioja que mejor armonicen con dos de los Habanos que serán novedad en el XV Festival del Habano.

En este evento, considerado el mayor encuentro internacional para los amantes del mejor tabaco del mundo, el Habano, se llevará a cabo la final, proclamándose los dos vinos ganadores de este novedoso concurso de armonía entre Habanos-vinos de Rioja a partir de la valoración que realizarán 450 profesionales de unos treinta países que asistirán al Festival. En años anteriores Habanos, S.A. ha seleccionado para esta Alianza a denominaciones de origen históricas tan prestigiosas como Cognac y Oporto, con el objetivo de hermanar productos de primer nivel en el mercado internacional, asociados ambos a la buena mesa y considerados como embajadores de sus respectivos países en el mundo.

Vale la pena intentarlo, significa una unión fabulosa entre culturas.

SABER DEGUSTAR UN CIGARRO

No hay que tragarse el humo, los pulmones no dan ninguna indicación sobre el sabor del cigarro. Este último, al contrario que un cigarrillo, apela a las papilas gustativas, al paladar y al olfato para disfrutar de una experiencia anclada en la esfera de los placeres del sabor. Por eso se recomienda degustarlo pausadamente ya que la impulsividad le sienta mal a un buen cigarro. Si no se siguen estas pautas, él mismo se encargará de demostralo, poniendo enfermo al fumador. Dicho esto es importante llevar el ritmo y el paso en el baile de la degustación. El cigarro nos seguirá, si es ligero o resulta tener mucho cuerpo, cada cual podrá elegir la intensidad del tiro. Si la vitola no gusta, no hay que dudarlo e interrumpir la degustación. Más vale un alto al fuego a medio camino que un mal recuerdo.

Al describir las sensaciones que aporta un cigarro es importante no obsesionarnos en querer sacar muchos aromas y sabores, con los dolores de cabeza que puede provocar tanto análisis. Nunca hay que perder de vista la noción del placer y mantener los pies en la tierra. Tengamos en cuenta que a menudo la descripción de cata para muchos expertos es simplemente "este cigarro es bueno, es muy agradable para mi gusto. Y punto". No se pide más que una cosa a un cigarro, que nos guste y nos acoja en su trayecto. Pero también reconozcamos que analizar el porqué de la felicidad que se siente puede resultar apasionante.

En boca, la combustión de las hojas libera finalmente el buqué tan esperado. Con un poco de concentración podemos descubrir sabores tostados y torrefactos como el café, sensaciones picantes con algo de quemazón cómo la pimienta, o un sabor cercano al olor de una caja de cigarros cómo la madera de cedro.

En cuanto a los sabores, los cigarros se desenvuelven por lo general entre los cuatro básicos: dulce, salado, ácido y amargo. Se pueden notar estas sensaciones con la quemazón (especias), la cremosidad, el agrio, el picante, el amargor.

En cuanto a los aromas, el abanico de las posibilidades es muy amplio:
- Vegetal: almendra, madera, madera noble, setas, flores, frutos secos, hierba seca, hierba mojada, avellana, nuez, sotobosque, tierra...
- Animal: cuero, establo, caza, almizcle...
- Especias: canela, pimiento, pimienta, vainilla...
- Pastel: brioche, cacao, café, caramelo, miel, alajú, pan tostado...
- Otros: moho, polvo...

Cuando apreciamos los aromas del humo, podemos apreciar su persistencia. Cuando las moléculas se alejan, surge una pérdida de la riqueza con la distancia. A medida que transcurren los minutos, algunas moléculas aparecen, otras se evaporan y algunas persisten mucho tiempo. A esta división en tres tiempos, los perfumistas la subdividen en notas de cabeza, de corazón y de fondo. No obstante, esta división no es infalible para todos los cigarros. Algunos evolucionan tan poco que parecen tocar la misma música de principio a fin, otros ofrecen tales sinfonías que es imposible detenerlas. Por tanto, hay que prestar atención a no dar por sentado que todos los cigarros son iguales.

MARIDAJE HABANOS Y VINO

Fumar cigarros tiene diferentes significados para la gente que los fuma. Para algunos, representa el símbolo de un status que antaño estaba reservado para la aristocracia y los ricos. Hoy en día, toda clase de hombre puede disfrutar de un buen cigarro igual que una botella de buen vino, una cerveza holandesa importada, o whisky escocés añejo. Los Habanos en la buena mesa son considerados los reyes y la recta final de una gran experiencia gastronómica.

Los Habanos, al igual que muchos vinos del mundo, son respaldados por una pestigiosa denominación de origen, que los encierra cada vez más en el grupo selecto de placeres del ser humano. Por lo general han sido maridados con Rones, Brandies, Coñacs, Armagnac, etc., pero si analizamos los perfiles organolépticos un buen gran reserva clásico de rioja seria un acompañante de lujo para el tabaco habano ya que sus registros aromáticos son muy parecidos (frutas confitadas y en compota, pasas, especias, vainillas, finos cueros, hojas y flores de otoño, notas torrefactas, maderas, ahumados, cacao, nuez moscada, frutos secos, etc.). Muchos aromas y sabores presentes en estos vinos concuerdan con las notas, complejas, torrefactas, y de elegante fortaleza, presentes en un buen Puro Cubano.

Para un correcto maridaje de ambos es importante entender que existen dos pautas generales, una es por afinidad y la otra es por contraste, pero siempre debemos procurar que ninguno de los dos protagonistas pierda sus principales características organolépticas y los aportes de ambos no desaparezcan, sino que se ensamblen o aumenten.

- En el maridaje por afinidad la clave es identificar sabores y sensaciones similares en ambas partes y proporcionarles un nexo de unión. Los sabores e intensidades del vino y del tabaco pueden ser parecidos, por lo tanto se refuerza la gama de ambos sabores y sensaciones. Por ejemplo, un tabaco suave intensifica el sabor de un vino suave y viceversa.

En el caso de un cigarro especiado y terroso, un vino añejo y complejo será, quizás, un amante más fiel, al contrario que un vino demasiado joven, fresco, apasionado, pero inquieto.

La suavidad y minimalismo de un cigarro Dominicano acompaña muy bien a los vinos jóvenes, suaves y afrutados.

- En el maridaje por contraste la clave es buscar la chispa entre los dos polos opuestos, lo dulce y lo salado, lo cremoso y lo ligero, lo acido con lo untoso, con el fin de crear un equilibrio entre los excesos y cadencias de ambos. Subyace un contraste que se reequilibra al combinarse.

Buscaremos un vino que complemente y equilibre en la mayoría de los aspectos las posibles carencias del habano. Así por ejemplo, una vitola de sabor neutro y textura intensa lo complementará un vino rico en matices, suave y con la acidez necesaria para aportarle frescura.

Un cigarro con cuerpo puede saturar las papilas y el estómago rápidamente según nuestro estado físico y el momento escogido para saborearlo. Así pues, un vino demasiado intenso o enérgico puede amplificar este fenómeno. Si, por el contrario, escogemos un vino que complete o realce los aromas y la virilidad del cigarro, ambos se armonizan.

De esta forma podemos definir maridaje de habanos y vino como la unión perfecta de ambos, cuando se consigue casar un determinado vino con una determinada vitola, se crea en el paladar una sensación de armonía y una experiencia placentera. El maridaje siempre debe buscar la máxima satisfacción y la fusión de placeres.

Dicho esto un buen habano es como un caballero que sabe a quién arrimarse, también es cierto que se basta consigo mismo, pero no es reacio a estar en buena compañía. En función de su propia personalidad y de su fortaleza.

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