viernes, 28 de diciembre de 2012

La Poda de la Vid y Conducción del Viñedo


LA PODA DE LA VID Y CONDUCCIÓN DEL VIÑEDO

La poda de la vid es una técnica de cultivo ancestral, pero que ha ido cambiado a lo largo de la historia. Hoy, en lugar de poda es más frecuente hablar de conducción del viñedo, termino que incluye la clásica poda en seco o de invierno  (es decir en reposo vegetativo de las cepas), o la poda en verde, el recogido de la vegetación, (encaminadas al manejo de las cepas para conseguir un adecuado equilibrio entre la vegetación y la producción y para mejorar la calidad de las producciones). Estas técnicas son actualmente en gran parte mecanizables, al igual que otras tareas complementarias a la poda como la recogida y triturado de sarmientos y otros restos.

Actualmente el control de la vegetación, conseguir el equilibrio perfecto entre vegetación y producción, alcanzar unos óptimos de iluminación en las hojas y la máxima aireación posible en los racimos,  son de las tareas más importantes en  viticultura.

En realidad la conducción y el establecimiento de las cepas también dependen de los factores ambientales en los que se desarrolle el cultivo, de este modo el cultivo puede ser muy variado en las diferentes zonas vitícolas del mundo.

De esta forma el objetivo de la poda puede ser múltiple:
- Comienza con las podas de formación de las cepas para adaptarlas al tipo de estructura deseada en la plantación para el  manejo posterior de su vegetación. Pudiendo formarse en baso o arbusto, espaldera o emparrado, o parrales de altura.
- A continuación se realizan podas de producción destinadas a conseguir el tipo de uva deseada, y dependiendo siempre del número de yemas que se conserven por cepa. Pueden ser cortas (2 y 3 yemas), largas (6 y 10 yemas) o mixtas (combinan formaciones cortas con otras largas en la misma cepa).
Hoy día es fácil conseguir la producción deseada, salvo adversidades meteorológicas o fitosanitarias ya que la fertilidad de la mayoría de los cultivares y sus hábitos de producción son conocidos con anterioridad. También se pueden realizar podas de rejuvenecimiento, o de injerto, o transformación del tipo estructural de la cepa a otro tipo de conducción.

También puede hablarse según la intensidad de la poda de:
- No poda, o podas mínimas.
- Prepodas, que suelen ser realizadas mecanicamente para luego ser matizadas manualmente.
- Podas intensas.
- Podas muy fuertes o afrailados empleadas normalmente para regeneración de parras o el injerto de cepas.

Respecto a las formas de conducción se conocen más de 50 sistemas, algunos de uso muy local y otros más extendidos, las formas más frecuentes son:
- La poda en redondo o en vaso, con brazos verticales y pulgares u horquillas.
- La espaldera o el cordón simple o doble (denominado poda Royat) con brazos horizontales y formaciones cortas de producción o pulgares).
- Espalderas tipo Guyot, simples o dobles, con formaciones largas.
- Tipo Jerez, muy peculiar y característica con formación larga (vara) de sentido alternado con el transcurso del tiempo.
- Emparrado tipo Almería, con tronco alto y distintas formaciones cortas y largas
distribuidas alternas, normalmente en cuatro brazos.
- Tipo cono o vaso vertical con eje.
- Tipo Sylvoz.
- Tipo Casarza.
- Cordones curvados.
- Sistema Raggi.
- Pérgolas de distintos tipos, habituales en Galicia y en gran parte de Italia.
- Sistemas de doble cordón o GAC.
- Sistema en Lira.

La forma con la que resultan las cepas depende de la técnica y el modo específico de aplicar la poda en su formación, dependiendo en gran parte de la existencia o no de apoyos sobre los que se establecen.

Se pueden realizar diversas clasificaciones de tipos de poda, como son las que hacen referencia a su época de realización, a su intensidad, etc.; Históricamente existen podas características de lugares muy concretos, que muchas veces toman el nombre de la comarca donde se realizan, como son la poda manchega, la poda Jerez, etc.

La poda mecanizada, se inicio en Argentina en 1958, cuenta hoy con muchas variantes y diferentes tecnológicas y objetivos. En 1980 comenzaron las nuevas técnicas de poda mínima o no poda en los países productores emergentes, y que también existe la posibilidad, aunque es poco aconsejable, del control químico de la vegetación mediante reguladores del crecimiento vegetal como el pacobutrazol, la cianamida de hidrógeno etc., que se emplea especialmente en zonas tropicales con plantaciones de vid para poder manejar el ciclo vegetativo-productor de las cepas.

EL ARTE DE CALIBRAR A LA PLANTA EN SU PRODUCCIÓN

La decisión de intensidad con que debemos podar una cepa, es la forma de calibrar y acercarnos al equilibrio vegetativo-productor deseado en cada caso.

- Una poda demasiado corta induce vigor y pueden llegar a hacer brotar yemas de madera vieja que formalmente son menos fértiles, dando bajas producciones o tener una superficie foliar suficiente con lo que la cepa no llegará a explotar su potencial.

- Si la poda es demasiado larga o con demasiadas yemas, la superficie foliar puede ser muy grande pero también lo es la vendimia si la fertilidad es alta o normal, por lo que puede peligrar la calidad de la uva, además el año siguiente el vigor se ve reducido al ser el almacenamiento de reservas inadecuado y el agostamiento incompleto.

Poda y conducción del viñedo se consideran hoy conceptos distintos pero realmente inseparables y determinan no solo el establecimiento y plantación de la parcela sino también todo el resto de técnicas de cultivo.

Con la poda y la conducción se busca:
- La consecución de la calidad buscada.
- La racionalización del control de plagas y enfermedades.
- El control, anticipo o retraso de la época de maduración.
- La adaptación a las condiciones ecofisiológicas zonales.
- La adecuación a una determinada densidad de plantación.
- Adecuar la vegetación al riego y fertilización empleados.

Teniendo en cuenta el tipo de conducción que se está realizando, deben tenerse en cuenta las siguientes consideraciones:
- El tipo de yemas dejadas, considerando las yemas francas o vistas, especialmente las situadas en el tercio medio de los sarmientos del año, descontando las yemas basilares o ciegas que no son fértiles por no tener prediferenciación.
- Tener en cuenta que la fertilidad de las yemas depende de su rango en el sarmiento y que esta fertilidad es muy distinta de un cultivar a otro, existiendo algunos con fertilidad alta en las yemas francas de la base de los sarmientos, mientras otras no producen racimos hasta la tercera o cuarta yema vista.
- La producción de una cepa depende realmente, y puede ser estimada, según el número de yemas dejadas en la poda de invierno.
- La producción está relacionada inversamente con el número de brotes anticipados que se producen en el año.
- La acrotonia (tendencia de algunas plantas a brotar primero por las yemas terminales o apicales, es decir las más alejadas) de las cepas debe ser considerada y controlada.
- Regular la distribución de las hojas es muy importante, especialmente cuando el vigor es muy elevado, ya que al menos la calidad de la producción está muy relacionada con el porcentaje de hojas con la máxima eficiencia fotosintética posible.
- Controlar la brotación de los nuevos sarmientos con atados arqueados e inclinaciones adecuadas al cultivar y a la forma de conducción.
- Recordar que los racimos y bayas se nutren mejor cuanto más cerca estén de las estructuras de sostén o permanentes de las cepas.
- Siempre debe respetarse, a nivel general, el hábito de las cepas y si éste es modificado debe serlo con una intención determinada, reducir el vigor, aumentar la diferenciación floral, etc.
- Los racimos deben quedar lo más aireados posibles.
- La distribución de los racimos debe ser lo más homogénea posible y con la adecuada separación entre ellos a lo largo de las estructuras de las formaciones de las cepas.
- Las estructuras de sustitución deben proceder de las yemas más bajas del sarmiento y si es posible de sarmientos sin producción, que deben dejarse en las cepas con esta finalidad.

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